Lo prohibido en la prueba

Pastor Felipe Herrera – Domingo 02 de Agosto 2020

Recuerdo un episodio en nuestra familia, estaba yo aún niño cuando íbamos saliendo de la casa hacia la iglesia. Para ese entonces teníamos servicios los domingos en la tarde, y normalmente mi papá, el pastor, tenía series temáticas, ese día mi papá terminaba una serie sobre el futuro de la iglesia, justamente tenía que predicar sobre el destino final de satánas y los demonios. Recuerdo que estábamos un poco apresurados para llegar temprano a la iglesia. Era 1995 más o menos, nos montamos en un carrito muy sencillo del año 72, era el primer carro que tuvo mi papá. Al salir mi papá de la cochera no se percató que un señor estaba parqueado a la par de la acera del frente y lo chocamos. Fue un momento muy tenso para todos, mi papá a como pudo se bajó del carro y para mal de colmos también estaba estallado. Me marcó ver a mi papá muy frustrado, estaba vestido de traje entero listo para predicar, sin embargo se fue a buscar al dueño del carro para ver como llegaba a un acuerdo para poder pagar por el daño. El monto del daño era tan caro que mi papá logró convenir con él en hacerle pagos por semana hasta completar algún día el monto, fueron momentos de mucha angustia. Con mucho esfuerzo y sacrificio familiar finalmente mi papá logró pagar, recuerdo que ese día nos fuimos a San José a hacer un mandado a una carnicería, y el dueño, que conocía a mi papá, le dijo, ¡diay pastor! que dicha que lo veo, vieras que hoy en oración el Señor me dijo que tenía que bendecir a alguien y ahora que lo veo, ya entendí de quién me estaba hablando el Señor, la sorpresa fue que lo que ese hermano le entregó era justamente el valor total del daño que mi papá ese día había terminado de pagar!! Dios definitivamente siempre está en control, en toda circunstancia siempre nos quiere enseñar algo.

Por eso hoy quiero hablarles de “Lo prohibido en la prueba”

  1. ¡Prohibido que el desánimo te gobierne!

2 Corintios 4.7-10 Dice:  Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.

2 Corintios 4.16-18 Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.

Me llama la atención que el Apóstol Pablo a pesar de estar atribulado, en apuros, siendo perseguido y estando derribados, tenía claro todo lo que no estaba, el sabía que no había espacio para la angustia, no había espacio a pesar de todo para la desesperación, y a pesar de estar derribado, no se iba a considerar destruido.

Él estaba viviendo muchas situaciones difíciles, pero había tomado la decisión de que el desánimo no gobernara su vida, por eso declaró, “NO DESMAYAMOS”. La palabra desmayar tiene que ver con perder el ánimo.

Es de humanos sentirse sin ánimo, estar en ese momento emocional en el que uno por tantas situaciones ya no tiene ganas de nada, sin embargo no podemos permitir que las cosas que suceden en la vida nos hagan perder todo lo bueno que Dios está haciendo y quiere hacer en nosotros.

La mayoría de las veces, desmayamos porque no tenemos claro que Dios usa las tribulaciones para producir algo bueno en nosotros. La gente espiritual sabe que aunque exista un desgaste en lo humano, en lo externo, nuestro hombre interior por la acción del Espíritu Santo en nosotros, está trayendo un cambio, un crecimiento para la gloria de Dios.

Los sufrimientos deben de hacernos crecer en fe, carácter, bondad y deseos profundos de conocer a Dios, de vivir dependientes de Él y en ese sentido hay ganancia a pesar de toda la mala experiencia que estemos atravesando.

Dios está renovando nuestro interior, mientras lo externo comienza el camino hacia la muerte física, Dios esta haciendo cosas nuevas en nosotros.

Algo que he entendido para este tiempo es que Dios nos quiere renovar. Dios quiere que esta pandemia cambie todo. Nos cambie para bien. En nuestra relación con Dios. En la manera en la que estamos haciendo familia. En la manera en la que amamos. En la que servimos, en la que se hacen los negocios.

Este lejos de ser un tiempo para desanimarnos, debemos tomar mano de la fe y creer que Dios va a traer las mejores ideas, los mejores tiempos para crecer. ¡Los mejores negocios están a punto de abrirse, las mejores decisiones por tomarse! ¡Ánimo! ¡A los que aman a Dios todas las cosas le ayudan para bien!

  • Prohido DESENFOCARSE.

2 Corintios 4.17 Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

Estar desenfocado tiene que ver con estar distraídos, es cuando perdemos la visión y el propósito por el que nacimos y nos concentramos más en los problemas o en las situaciones difíciles de la vida.

Nos desenfocamos cuando olvidamos que la biblia dice que los problemas son momentáneos y que en realidad no son para siempre, tienen fecha de caducidad.

También cuando olvidamos que es leve. A veces cuando estamos desenfocados sobredimensionamos los problemas y se nos olvida que a la para de la gloria de Dios nada es tan grande.

La prueba bíblicamente produce en nosotros una gloria eterna más pesada que cualquier problema. Es por eso que en los hijos de Dios debe de pesar más su gloria que cualquier tribulación o pandemia que estemos enfrentando.

En todo siempre Dios es más grande.

Conclusión:

 Este es un tiempo donde tenemos que renunciar al desánimo, a llenarnos de fe y esperanza en el que nos sostiene. A entender que es tiempo de no olvidar nuestro propósito y más bien enfocarnos en todo lo eterno que es para siempre y para la gloria de Dios.

Te invito a que en este momento ores entregándole a Dios cualquier tipo de carga y le permitas a Dios llenarte de Su gloria. Se que mientras ores en fe, va a pesar más la gloria de Dios sobre tu vida que cualquier cosa que estés necesitando o enfrentando.

Lo prohibido en la prueba

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