Red de Vida

Mi Encuentro

Karen Canales – Pastora Red Plus

Todo inició en marzo del año 2012 cuando decidí entregarle mi vida a Jesucristo. Recuerdo que mi hermano llevaba meses insistiéndome de que lo acompañara a una célula, pero yo me rehusaba a asistir porque no era lo que quería en ese momento. Justo en ese mes él iba para su encuentro muy emocionado y yo no lograba comprender tal emoción hasta el día de su recibimiento.

Ese día algo extraño pasó en mí minutos antes de ir a recibirlo; era la primera vez que entraba a la iglesia y desde que puse un pie adentro y vi tanta gente cantando, saltando dije: “Que es esta locura, a esta gente le falta un tornillo” por lo que me sentí un poco extraña y al mismo tiempo tenía un impulso por querer brincar también. Cuando vi a mi hermano entrar por esa puerta algo me invadió y no paraba de llorar, no entendía que era lo que estaba pasando, pero en el fondo sabía que Dios también me estaba llamando a tener un encuentro personal con Él. Las palabras de mi hermano en ese momento fueron “usted es la que sigue” y nada más pensaba en que no tenía conocimiento de lo que Dios quería hacer conmigo, pero deseaba atender a su llamado.

Una semana después empecé a congregarme y asistir a una célula. Me apegué muchísimo a mi líder en ese momento; dos semanas después la invité a un paseo familiar por una semana completa. Esos días de ocio fueron bien aprovechados por ella e iniciaron mis lecciones de consolidación. Sentía que entre más me hablaba del Señor, más aumentaban mis ganas de buscarle.

En Setiembre del mismo año pensé que era mi momento de asistir a un encuentro, pero recibí la noticia que no me iban a enviar y que debía esperar el próximo encuentro. Me entristecí un poco pero no me desanimé, anhelaba que pasaran los meses rápido. Sin embargo, en marzo del 2013 tampoco fue mi tiempo porque se cancelaron encuentros; ya había pasado un año de estar fiel en célula de no faltar ni un domingo a cultos y me preguntaba “¿por qué?” Deseaba tanto mi encuentro y no comprendía la razón pues había tenido que esperar mucho tiempo.

Año y medio después, en setiembre del 2013 fue mi momento; al fin iba poder tener mi encuentro personal con el Señor. Era tanto lo que había esperado ese fin de semana que no pude dormir un día antes. Estaba tan nerviosa, me temblaba todo, pero tenía mucha expectativa de lo que iba a pasar, estaba preparada para entrar a esa sala de emergencias para que Dios operara y transformara mi corazón y justamente eso fue lo que pasó, una transformación real. Fui testigo de cómo Dios fue preparando el camino para que ese fin de semana me pudiera encontrar con Él. Pude verlo, pude sentir cómo sanaba mi alma, pude conocerle cara a cara y me mostró una visión desde que estaba muy pequeña hasta la edad adulta, y entendí que mi propósito definitivamente era y es vivir para agradarle a Él. Llegué a pensar que era yo quien quería un encuentro con Él, pero en realidad era Dios quien me había estado buscando por mucho tiempo para poder encontrarme con Él.

Me encantaría contarles con detalle cada plenaria, pero solo quiero resaltar una que estuvo presente por mucho tiempo, en una de ellas dieron un detalle de un anillo. Era tanto mi compromiso con el Señor de apartarme para Él, que anduve ese anillo en mi mano por más de 6 años prometiéndole no quitármelo hasta que fuera reemplazado por un anillo de compromiso, y por su gracia cumplí mi promesa.

¡Qué privilegio más grande es tener la oportunidad de ir a un encuentro tan transformador! Quiero darles algunos consejos a las personas que aún no han ido y lo están esperando:

  1. Vívalo. El encuentro es personal, cada persona tiene una historia que contar.
  2. Prepare su corazón para que Dios lo transforme como lo hizo conmigo.
  3. Espere el tiempo de Dios y no se desanime.
  4. No abandone los tiempos de intimidad, pues Dios está presente en todo momento, no solo en un encuentro.
  5. Anhele su encuentro, Dios quiere llevarnos a un nuevo nivel personal y espiritual.
  6. Recuerde que Dios es quien nos llama a su encuentro.

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

Romanos 8:28-34
Mi Encuentro

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