Red de Vida

Obediencia

Pastor Felipe Herrera – Domingo 6 de Junio 2021

Todos desde que nacimos venimos con un problema grave, y es con el problema de que queremos hacer lo que “nos de la gana”, en el Edén perdimos la capacidad de ser obedientes, y de ahí en adelante todos tenemos el ADN de la desobediencia.

Yo lo veo en mis hijas, ha sido todo un trabajo arduo con la Palabra enseñarles a obedecer, porque deseamos que les vaya bien. Lo he visto en mi vida, me cuesta horrores ser obediente, va contra mi naturaleza y reconozco que debo de morir a mi mismo y a través de Cristo obedecerle a nuestro Padre celestial, por eso quiero hablarles de tres razones para obedecer.

  1. Porque es lo normal de un escogido.

elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas.

1 Pedro 1:2

Me llama la atención que diga que fuimos escogidos para obedecer y ser rociados, la mayoría de las veces le damos énfasis al tema del ser rociados y perdonados, pero dejamos de lado que Dios también nos escogió para obedecer.

Todos queremos ser rociados, llenarnos de su gracia, pero nos cuesta ser obedientes. En nuestras enseñanzas nos gusta mucho la parte del ser rociados, pero nos cuesta la parte de la obediencia. La obediencia cuesta porque implica deshacernos de nuestra propia voluntad, para hacer la voluntad de otro. La obediencia revela si somos o no escogidos.

Acá el texto dice que según el conocimiento de Dios previo sobre nosotros, fuimos escogidos para obedecer. Eso quiere decir que nos separó para ello. En su sabiduría Dios vio que esto era lo mejor para nosotros y esto nos habla de su paternidad. El siendo Dios quiere revelarse a nosotros como un Padre que nos guía y enseña. Pero nadie puede ser guiado y enseñado a menos que sea obediente.

Te has puesto a pensar, ¿de qué nos sirve un Padre o una enseñanza sin la obediencia? Si cuando leemos la Palabra o nos enseñan no obedecemos de nada sirvió que nos enseñaran. No somos salvos por obras, pero una vez salvos, Él nos quiere santificar, pero la santificación va de la mano de la obediencia.

La obediencia es el resultado de ser hijos de Dios. Todo verdadero hijo aprende obediencia. A veces Dios usa la corrección en su deseo de que nos vaya bien y aprendamos la obediencia. Usa personas, situaciones, problemas, consecuencias, para que nos volvamos a Él con un corazón deseoso de obedecer.

La obediencia es un lugar seguro, pues nos libra de peligros y de situaciones que nos destruyen en nuestra relación con Dios, con los demás y en muchas áreas más.

La obediencia denota si somos o no discípulos.

Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;

Juan 8:31

Jesús les habla a los judíos que habían creído, eran gente que conocía los mandamientos, pero que no los vivían. Ya le tenían como su salvador, pero no como su Señor. Dios desea que entendamos que en cuanto a lo que Dios dice en su palabra o con su Espíritu Santo a nuestras vida, no es solo saber, si no ser.

La mayoría del tiempo con los mandamientos del Señor lo que hacemos es solo saberlos y predicarlos algunos,  pero los guardamos muy poco. Yo recuerdo cuando por fin logré leer la biblia en un año y me sentía super orgulloso, le dije Dios, ahora sí ya me la leí toda, ¿ahora qué más?, y el Señor me respondió, ¿ya la vives? Ahora todo lo que ya sabes, debes de vivirlo, aplicarlo a tu vida primero.

¿Cuántas cosas sabemos de la biblia, y cuantas realmente aplicamos?. Como hijo de pastor he escuchado miles de mensajes, pero estoy seguro que vivo pocos. Podemos ser teólogos o tener una gran trayectoria, pero no hay forma de considerarse discípulos si no hay obediencia.  

2. La obediencia trae bendición.

Así como toda desobediencia trae consecuencias. Toda obediencia produce bendición.

Como la obediencia trae bendición, por eso Dios nos escogió para obedecer, porque el anhela que nos vaya bien y seamos bendecidos.

Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios. Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas.

Deuteronomio 28:1-4

En este texto podemos ver la forma extraordinaria en la que Dios honra a los que le honran, los que obedecen la voz de Dios, los que han escuchado atentamente la voz de Dios y la ponen por obra. El resultado es que aplastantemente somos bendecidos en todas las áreas de nuestra vida.

Esto es algo que Dios quiere que entendamos, cuando el nos pide algo, es porque el deseo de Él es bendecir nuestras vidas. Cuando obedecemos estamos creyendo a sus palabras, por eso la obediencia se trata de fe, pues al creer actuamos y entonces Dios envía su bendición a nuestras vidas.

Dios no puede bendecir y ayudar a alguien que no confía en Él. Así como nadie puede tener mejorías en su salud si no le cree a la recomendación que sus médicos le dan. Si una persona sale con los medicamentos que le da su médico para curarlo, pero no cree en esa solución, nunca obedecerá, y por lo tanto no tendrá cura de sus enfermedades, similar sucede en nuestras vidas.

Por eso la desobediencia produce consecuencias negativas y Dios también lo advierte.

Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán. Maldito serás tú en la ciudad, y maldito en el campo. Maldita tu canasta, y tu artesa de amasar. Maldito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas.

Deuteronomio 28:15-18

Ninguno de nosotros quiere la maldición, pero es inminente en los desobedientes. Si Dios dice no a algo es porque nos hará daño.

3. La obediencia es responderle a Dios. 1 Samuel 15.18-22

Y Jehová te envió en misión y dijo: Ve, destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes. ¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová? Y Saúl respondió a Samuel: Antes bien he obedecido la voz de Jehová, y fui a la misión que Jehová me envió, y he traído a Agag rey de Amalec, y he destruido a los amalecitas. Mas el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, las primicias del anatema, para ofrecer sacrificios a Jehová tu Dios en Gilgal. Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.

1 Samuel 15:18-22

La palabra obediencia tanto en el antiguo testamento como en el nuevo testamento, es una traducción contextual del verbo «oír». De manera que, «obediencia» en la Biblia significa una respuesta activa a lo que uno oye, en lugar que un mero escuchar pasivo.

Por eso escuchar la voz de Dios significa obedecer su palabra. Saúl en este texto no fue obediente y recibió maldición pues hizo sacrificio con el botín a pesar de que Dios había dicho que los destruyera. Saúl incluso justifica su desobediencia explicando que lo hizo para adorar a Dios por medio de sacrificios. Dios le responde que a Él le agrada más cuando se presta atención y se obedece, que los sacrificios.

Saúl en vez de reconocer su desobediencia delante de Dios decide justificar y manipular la verdad para su conveniencia. Esto le molesta al Señor, no esta bien justificar nuestra desobediencia con algo aparentemente bueno. Hay personas que dicen «ladrón que roba a ladrón», «es que de por sí era para algo bueno».

La desobediencia dice que que menospreciamos lo que Dios ha dicho. De esta forma, «obedecer» se relaciona en forma íntima con «oír» y «creer». Cuando uno ha oído realmente el mandamiento o promesa de Dios, uno cree que es cierto, y, por tanto, está bajo la obligación de obedecer sus condiciones.[1]

Dios desechó a Saúl por no ser capaz de seguir las indicaciones de Dios. Dios no puede usar a alguien que quiere hacer lo que le venga en gana. No siempre queremos hacer la voluntad de Dios, queremos hacer muchas otras cosas, pero Dios no puede usar a alguien que actúe de esta manera. De hecho, solo porque uno quiera hacer algo no quiere decir que está bien o que nos vaya a generar buenos resultados.

Muchos necesitan aceptar la voz de Dios sobre sus vidas que los llama a obedecer, el te escogió para limpiarte y lavarte para que tuvieras la capacidad de obedecer. Pero algunos no lo han creído, no han creído que Dios los ha escogido, llamado. Hay gente que se ha descalificado porque les ha costado o no han podido del todo. Pero Dios anda buscando al débil para levantarlo. Hay gente que Dios quiere bendecir, pero su desobediencia ha estado frenando la capacidad de que seas bendecido.

Rompe con la maldición, y  humíllate delante de Dios. A muchos Dios los ha estado llamando, Dios les ha estado intentando guiar, pero han endurecido su corazón. Él ha estado como un Padre una y otra vez advirtiendo, respóndele a Dios.

Este es el día para que te arrepientas de la desobediencia, para que le creas a Dios y permitas que Él te bendiga.


[1] Laurin, R. B. (2006). OBEDECER, OBEDIENCIA. En E. F. Harrison, G. W. Bromiley, & C. F. H. Henry (Eds.), Diccionario de Teología (p. 429). Grand Rapids, MI: Libros Desafío.

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