Tres lecciones de un corazón agradecido

Pastora Maureen Herrera. 10 de Noviembre 2019.

Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero? Lucas 17:15-18

¿Qué tan agradecidos somos? ¿Es nuestro agradecimiento genuino?

Jesús se encontraba en algún punto entre Samaria y Galilea, en su camino hacia Jerusalén. Al entrar a una aldea, 10 leprosos le salieron al encuentro y le rogaron que los sanara. A diferencia de otros momentos en los que a Jesús no le había importado acercarse a leprosos, esta vez solamente les dio una orden: “Vayan preséntese a los sacerdotes”. En su camino hacia Jerusalén, los leprosos se dieron cuenta que habían sido sanos, pero de los 10 que experimentaron el milagro, solo uno se regresó a agradecerle y este hombre era samaritano.

A. Un corazón agradecido se esfuerza. No sabemos cuántos días o cuánto tiempo les tomó a estos hombres enterarse de su sanidad, pero probablemente representaba un gran esfuerzo devolverse para mostrar agradecimiento, ya que significaba devolverse lo que había recorrido y volverlo a caminar para cumplir con el rito de presentarse ante el sacerdote.

Jesús hizo mucho por nosotros. ¿Cuánto estamos dispuestos a recorrer para demostrarle nuestro agradecimiento? A veces no estamos dispuestos a testificar porque nos da vergüenza, porque estamos muy ocupados o porque no lo consideramos importante. ¿Cuál fue la última vez que hicimos un esfuerzo por agradecer a alguien que nos ha ayudado en algo?

B. Un corazón agradecido es humilde. En esta ocasión, Jesús no se acercó ni tuvo un encuentro personal con estos hombres, solamente les dio una orden y ellos cumplieron. Si bien hay un tema de fe y obediencia en esta historia, el punto al que nos queremos referir es a la actitud del único que no dio por sentado su sanidad. Este hombre que se devolvió a agradecer era samaritano, teniendo un doble rechazo de la sociedad; rechazo por ser samaritano y por tener lepra. ¿Por qué los otros no quisieron esforzarse por devolverse también? ¿Habrán sentido que “merecían” ser sanos?

Mostramos agradecimiento genuino cuando no nos sentimos dignos del gesto que recibimos, cuando no tenemos esperanza y nos sentimos perdidos. Es decir, para agradecer de corazón no podemos poseer nada.

C. Un corazón agradecido sabe honrar. Este hombre no solamente se devolvió para agradecer, sino que se postró a adorar. El verdadero agradecimiento a Dios va acompañado de adoración; no podemos adorar sin mostrarnos agradecidos con Dios. A las personas no les debemos nuestra adoración para agradecerles, pero sí les debemos honrar.

Tres lecciones de un corazón agradecido

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