Red de Vida

Una vajilla rota

“Pero Dios nos demostró su gran amor al enviar a Jesucristo a morir por nosotros, a pesar de que nosotros todavía éramos pecadores. ” (Romanos 5:8)

Hemos sido codificados en nuestro consciente, con la tendencia y el hábito de buscar compensar, pagar o justificar todo acto de amor o error que hayamos realizado. Esta sensación forma parte de nuestras vidas desde el día uno en el que vinimos a este mundo. Nos pasamos la vida entera intentando “pagar” por todo aquello que sabemos no merecemos o bien, sobrepasa nuestra capacidad humana.

En una ocasión estando en casa de mi suegra, por distracción, rompí una pieza valiosa dentro de su preciada cocina. Sabía que era de alto valor para ella, por las emotivas conversaciones de las que fui testigo. Realmente la cocina es una pasión para ella, por lo que este error silencioso que había cometido, me motivó indudablemente a la tentación de callarme. Después de todo solo era “un pequeño rasgón en la vajilla” y era posible que ni siquiera lo notara.

Pero fue en ese preciso momento donde empecé a esconderme tras mi inocente razonamiento de justificación, que escuché la voz dentro de mí, que me recordaba lo importante de la sinceridad. Claramente la situación no era tan dramática como para no confesar tan pequeño error, sin embargo, tenía una batalla moral que defender, así que me animé a confesar mi torpeza. Quiero hacerles ver que sin duda alguna sé que mi suegra me ama, y aprecia tanto como para pasar por alto una falta tan insignificante como esa. Y fue al dar el paso de confianza con ella, que experimenté su amor y perdón, lo que haría que en los próximos minutos estaría siendo redimido de mi error. Fue una sensación especial al notar ese aprecio y perspectiva que tenía sobre mi, ya que era esto lo que la hacía considerar mi valor como algo más importante que una vajilla rota.

Bendita gracia la que experimenté, puedo decir que me hizo sentir amado, valioso y un poco menos torpe de lo que creí ser. Fueron los próximos días los que me impulsaron en un intento fallido por buscar compensar o pagar mi error con ella. Es decir, le había roto una vajilla importante; no podría dejar la situación en solo un perdón, algo dentro de mí decía “tienes que pagar por tu error” así que esto hice. Sin comentarle nada me dirigí a comprar una vajilla nueva con la intención de sorprenderla y así sentir menos culpa de la que sentía cada vez que llegaba a su hogar. Mi plan estaba dando resultado (según mis perspectiva) conseguí dar algo que compensaría ese faltante.

Y es aquí donde deseo que reflexionemos juntos, te traje hasta acá por una sencilla razón. Nuestra realidad ante el error y el perdón no son muy diferentes de lo que esa vajilla rota me enseñó. Tendemos a romper ciertas “vajillas” importantes de la vida y de la fe, que nos hacen intentar pagar algo que ya fue perdonado. Es decir, Dios tiene en más alto honor tu corazón y tu vida, que ese error cometido. Quiero mostrarte que aún siendo el protagonista de una serie de “vajillas rotas” Dios te perdonó y te justificó, él lo sabía; él escuchó cada una de esas piezas de vidrio que caían al suelo y aún teniendo ese conocimiento decidió mirar a tu valor antes que a tu torpeza.

Quizá tu vajilla rota signifique:

  • La relación con Dios que tanto te costó cultivar.
  • Tu servicio a Dios.
  • Quizá ofendiste a algún ser querido.
  • Una noche de locura donde perdiste tu norte y tus convicciones.
  • Quizá te entregaste a un vacío que sabías, nadie más podía llenar.
  • Entregaste tu corazón a alguien que no lo supo cuidar.

Lo importante aquí no es la vajilla rota que observas en el suelo, lo que tiene más alto honor es el perdón que Dios te ofrece si le confiesas tu error con sinceridad. Es en ese preciso momento donde puedes experimentar lo que Cristo vino a hacer por toda la humanidad. Vino a ofrecernos su amor, su perdón y su misericordia, esa que no merecemos pero que nos vino a regalar. Nosotros somos más importantes que una vajilla rota.

“Si Dios nos declaró inocentes por medio de la muerte de Cristo, con mayor razón, gracias a Cristo, nos librará del castigo final. Si cuando todavía éramos sus enemigos, Dios hizo las paces con nosotros por medio de la muerte de su Hijo, con mayor razón nos salvará ahora que su Hijo vive, y que nosotros estamos en paz con Dios. Además, Dios nos ha hecho muy felices, pues ahora vivimos en paz con él por medio de nuestro Señor Jesucristo. ‘”(Romanos 5:9-11)

Te animo hoy a que te acerques a su misericordia y te dejes perdonar, nada de lo que hagamos logrará compensar ese acercamiento de Dios para con nosotros. Para eso envió a su hijo a morir por la humanidad. Así que la invitación es sencilla, solo tienes que confesar que dejaste caer esa vajilla y después de eso, estoy seguro de que él preparará un banquete de misericordia.

Te invito a hacer esta oración:

"Señor Jesús, me acerco hoy en humilde necesidad. Puedo ver que realmente me amas, y que me amas a tal nivel que me trajiste hoy a este texto. Quiero ser sincero contigo y confesarte que dejé caer la vajilla de mi vida y de mi corazón en tierra. Necesito en este momento tu perdón y tu gracia, y agradezco que lo hagas. Recibo y abrazo tu perdón, ese que pagaste por mi en la cruz. Amén"

Te regalo algunos consejos que podrá ayudarte en este recorrido:

  1. Reconoce tu error ante Dios, (ya él lo sabe, solo quiere ver que confías en él).
  2. Tomá decisiones que te afirmen para no seguir cometiendo los mismos errores, (alejate de esos ambientes que te invitan constantemente a darle la espalda a Dios).
  3. Rodéate de personas con tu misma fe y convicción.
  4. Abraza ese perdón que hoy recibiste y testifica a otros que él puede hacerlo.

Nos vemos en un próximo devocional, me alegra saber que hoy formas parte de todos los que constantemente somos perdonados. Podés contactar con nosotros si deseas oración y acompañamiento. No estás solo (a) en este nuevo comienzo.

La cruz siempre es la respuesa:

Una vajilla rota

2 comentarios en «Una vajilla rota»

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