¡Vamos juntos!

Mauricio Zamora – Pastor Red Prejuvenil

Hace algunas semanas, antes de empezar las lluvias, me estaba preparando para subir al techo en busca de las famosas goteras pero además, necesitaba cambiar la lámina completa de un tragaluz.  Durante mucho tiempo, habíamos tenido malos momentos con esa lámina, ya se había cambiado pero seguían los problemas. Entonces decidimos que era el tiempo de reemplazarla.  En ese momento ya había iniciado la pandemia y el aislamiento social, lo que me impedía buscar ayuda.  Me tocaba sacar la tarea “solo”. 

Me preparé, compré todos los materiales y el día antes en la noche, hice una de las oraciones más sinceras a Dios y le dije algo como: “Señor, tengo que subir al techo solo, no tengo más ayuda, la lámina mide más de dos metros y me da miedo.  Tengo miedo que cuando vaya subiendo, el viento me la tire o peor, que yo me caiga con ella.  Me da temor quebrarla porque tendría que gastar más dinero, por favor, ven conmigo, ayúdame a subirla, ayúdame a pegar cada tornillo, no permitas que me caiga o que haya un accidente, te ruego que me ayudes”. 

Ese día supe que el Señor me había escuchado aunque no escuché nada de parte de Él, solo un silencio, paz.  La mañana siguiente, a las 6:00 am, mientras subía la escalera con la lámina en mi espalda, escuché la voz de Dios diciendo lo que hubiera querido escuchar la noche anterior mientras oraba, ahora sí podía escucharlo decir: “Ay del solo” y de inmediato mi corazón entendió que Él iba conmigo y que todo estaría bien (como un hijo que camina junto a papá).   Por otra parte, me hizo reflexionar en que Dios nos llamó para habitar en familia, en la familia que Cristo une por medio la fe y que ninguno de nosotros fue creado para vivir aislado, ni siquiera en medio de una pandemia.  El poder del Espíritu Santo logra mantenernos unidos de una manera extraordinaria que no tiene explicación aparente, pero es real.  

También me vi obligado a reflexionar muchas cosas sobre la vida cristiana, como que no puedo poner ni un tornillo sin la ayuda del Señor, nunca estamos solos, Él va con nosotros, las oraciones siempre tienen respuestas de Dios (sí, el silencio a veces es una de ellas), y lo más significante para mí, fue entender que no nací para vivir solo, yo necesito de la iglesia de Cristo, necesito que alguien me sostenga y ayude, porque es la voluntad de Dios que todos llevemos las cargas los unos de los otros (Gálatas 6:2), que oremos juntos y que nos extendamos la mano como Cristo mismo lo haría. 

 Si cuando lees esto, estás viviendo un momento de soledad profunda, una lucha muy fuerte o una victoria que quieres compartir, date cuenta que no estás solo(a), Jesús va contigo y tiene un cuerpo (una iglesia, un ejército) dispuesto a acompañarte y amarte en medio de tus procesos.  Da el primer paso, acércate al Cuerpo y toma ánimo que ¡vamos juntos!

Mejor son dos que uno, pues reciben mejor paga por su trabajo. Porque si caen, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del que está solo! Cuando caiga no habrá otro que lo levante.”

Eclesiastés 4: 9-10

¡Vamos juntos!

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